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“El impacto y la controversia del lenguaje inclusivo”

Lenguaje inclusivo

“El impacto y la controversia del lenguaje inclusivo”

Por Marco Antonio Lara

“Están destruyendo el idioma” es uno de los argumentos que se leen en las redes sociales – y en varios artículos de prensa- cuando alguien llega a escribir ‘todxs’ (o todes) usando el lenguaje inclusivo para referirse a un grupxhumanx.
Sabemos que hay un debate en la actualidad sobre nuestro lenguaje pero ¿Es el uso de un lenguaje inclusivo una solución eficiente ante la desigualdad de género?
A lo largo del tiempo la lengua se presenta como “neutral” mientras va reuniendo sucesivas referencias hacia los varones y negando a las mujeres. Encontramos la crítica feminista que emerge en los años setenta para denunciar las marcas masculinas de la lengua castellana. El uso de la “x” pero especialmente el de la “e” está provocando conmociones en argentina.
En cada acto comunicativo utilizamos nuestro idioma. Nadie pone en duda la necesidad de una adecuada comunicación para mejorar cualquier tipo de relación interpersonal. Por tanto, el lenguaje es un reflejo y es la base de la sociedad actual.
Uno de los mayores problemas que afecta a la realidad latina es el sexismo. El sexismo es, según la RAE, “la discriminación de las personas por razón de sexo” y su máxima expresión es el machismo. Por tanto, hay que luchar contra él, en todos los ámbitos. Y la lengua debería ser uno de los primeros. Poco a poco estamos consiguiendo superar las expresiones sexistas que discriminan indirectamente a la mujer. Aunque queda un largo camino por recorrer. Incluso quedándonos con las definiciones de la misma RAE que tanto utilizamos de referencia por ejemplo; “perra” como “prostituta” y “perro” como “hombre tenaz, firme y constante en alguna opinión o empresa”.
El lenguaje es la base de nuestra comunicación. Y nuestro lenguaje generaliza en masculino, por tanto, nuestra comunicación es “en masculino”. La cuestión que da pie al debate actual es qué significa esto. ¿Por qué el masculino engloba a lo femenino y no viceversa? quien defiende el lenguaje inclusivo como quien piensa que es una ridiculez coinciden que es cultural. Y, precisamente porque es cultural ¿no deberíamos indagar en esta tradición machista de la que proviene? La sociedad avanza y nuestro idioma la acompaña.
Cuando las feministas señalaron “todos” para interrogarse dónde estaban las mujeres avanzaron hacia una comprensión de la lengua como una tecnología de gobierno del género. Esto permitió disputar tanto la exclusión como la subordinación moral, biológica y jurídica. Dejaron en evidencia jerarquizaciones que la lengua arrastra y actualiza al tomar como referente privilegiado a los varones, una argentina, Delia Suardíaz, fue la primera en diagramar sus tramas problemáticas en 1973: ella analizó la ausencia de las mujeres en diversos usos sexistas de la lengua castellana y apostó a la necesidad de un cambio lingüístico.
El leguaje inclusivo que remplaza las “o” de los masculinos genéricos por la “e”, una vocal neutra que no se identifica con ningún género y –a diferencia de la “x” o el @– puede trasladarse al habla sin inconvenientes, modificada esa realidad y sumergidos en un contexto en el que las mujeres habitan la mayoría de los ámbitos, el cuestionamiento de la regla le parece válido y razonable, independientemente de sus posibilidades de éxito.
Para Kovadloff, la lógica de apelar al masculino en referencia a los grupos mixtos tuvo que ver con que durante años, muchos de los ámbitos profesionales o relacionados con la vida pública eran casi exclusivamente de ese género. “Creo que es conveniente tomar lo que sucede con el lenguaje como síntoma de una demanda que excede a la lengua”, dice el ensayista, poeta, traductor, filósofo y miembro correspondiente de la Real Academia Española, Santiago Kovadloff, y completa: “La cuestión central es la demanda que se lleva adelante mediante estas propuestas experimentales. Esa demanda no es otra que la de ser considerados como iguales, la de ser estimados como pares por parte de quienes se sienten excluidos”, explica.
Se escuchaba que el lenguaje inclusivo estaba revolucionando y ganando terreno en la sociedad de países europeos, como España por ejemplo, el movimiento creció tanto que llego a territorios Argentinos ahí la bomba explotó fue tan grande la magnitud, que medios de comunicación se dieron la tarea de expandirlo mucho más, hasta que llego a México y sus alrededores, como ya sabemos con la entrada del nuevo código de ética, funcionarios y funcionarias del gobierno federal adquirieron la obligación de manejarse bajo un lenguaje incluyente.
Desde el pasado 6 de febrero de 2019, todos los funcionarios y funcionarias del gobierno federal adquirieron la obligación de manejarse, en todos los ámbitos de sus atribuciones y competencias, bajo un “lenguaje incluyente”, por lo cual todas las “comunicaciones institucionales” de la administración pública deberán “visibilizar a ambos sexos”.
Es verdad que algunas veces no cuesta ningún trabajo encontrar soluciones con las que la mayoría estén de acuerdo y a la vez incluyan ambos géneros, además hay situaciones en las que es natural el uso del femenino si nos estamos refiriendo a una mujer como jueza, doctora, abogada, etc.
Pero lo que considero una absoluta irracionalidad en contra de las normas que un idioma debe perseguir es duplicar palabras como decir todos y todas, es algo total mente absurdo y mucho menos el uso de inventos absurdos como “tod@s o cosas parecidas”.
Por lo tanto, ¿realmente es necesario complicar tan innecesaria mente el lenguaje? En el inglés no distinguen entre masculino ni femenino, simplemente se comunican sin hacer referencia a ningún tipo de abreviaciones.
Tal vez en un primer momento nuestro idioma no debería haber distinguido entre géneros, como en el inglés, pero a estas alturas, no es necesario cambiar. Pienso que siempre y cuando nos entendamos lograremos comunicarnos como llevamos haciendo siglos, no es necesario cambiar nada, aunque es necesario cambiar el pensamiento “machista” el acoso a las mujeres en eso estoy totalmente de acuerdo, hacer valer los derechos de las mujeres por sus hechos no por solo ser “mujeres”. El lenguaje es para comunicar, no para establecer igualdad ni nada.