El investigador menciona que durante la etapa de experimentación se aplicó olvanil a ratas de laboratorio, a las que se les midieron los niveles de grasa del tejido adiposo, encontrando que sus índices presentaban una disminución luego de que se les aplicara este análogo vía oral. “Trabajamos con ratones que tuvieron una dieta rica en grasa para producirles obesidad, después les administramos vía oral este análogo para ver si la grasa acumulada disminuía con respecto a los que no se les suministraba, y descubrimos diferencias favorables en cuanto a la reducción de sus niveles de grasa, lípidos y glucosa en la sangre”. Por ahora, añade el investigador, se trabaja en la gestión de recursos para realizar pruebas preclínicas, en encontrar mejores formulaciones y en medir la toxicidad de estas sustancias. Rodríguez González considera que esta iniciativa también es una oportunidad para generar un producto farmacéutico que pueda ser una alternativa a los tratamientos contra la obesidad.

Manzana, aguacate

(Agencia Informativa Conacyt).- La aplicación de productos naturales y desechos agroindustriales sería una alternativa para evitar o inhibir la corrosión de metales, de forma económica y amigable con el medio ambiente.

La corrosión es una reacción electroquímica entre un metal y su ambiente, que ocasiona su deterioro. Para tratar el problema se utilizan inhibidores de la corrosión sintéticos que, además de ser tóxicos para el medio ambiente, resultan costosos.

Desde hace casi una década, José Gonzalo González Rodríguez, investigador del Centro de Investigación en Ingeniería y Ciencias Aplicadas (Ciicap) de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), busca alternativas a los inhibidores de la corrosión sintéticos, a través del estudio del extracto de productos naturales con propiedades antioxidantes.

El problema de la corrosión causa daños importantes en la economía. De acuerdo con especialistas, este fenómeno representa tres y cinco por ciento del producto interno bruto (PIB) de los países, lo que se traduce en pérdidas millonarias.

“Los gastos que ocasionan las afectaciones por fenómenos naturales como huracanes, terremotos o tsunamis no se comparan con lo que representa la corrosión, porque en cualquier lugar que haya un metal y un líquido, hay corrosión”, dijo González Rodríguez, doctor en corrosión por la Universidad de Mánchester, Inglaterra.

Aunado a ello, los efectos de la corrosión en la vida diaria van desde una fuga de agua en casa, hasta la erosión o el colapso de construcciones, tales como un puente o edificios, situaciones que son prevenibles con el monitoreo adecuado de las escructuras o metales.

“La corrosión causa muchos accidentes; el colapso de puentes, por ejemplo, puede ser por esta causa: la humedad de la atmósfera ataca el concreto y este va poco a poco degradándose hasta que la varilla de acero que refuerza el concreto empieza a corroerse, se vuelve frágil, ya no es capaz de soportar el peso de la estructura y esta colapsa”, explicó el doctor González Rodríguez, también miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Aunque los inhibidores de la corrosión de base natural no son tóxicos y su desarrollo tiene una reducción de costos en comparación con los productos tradicionales, los productos de base natural se degradan mucho más rápido, pero el doctor González Rodríguez busca potenciar y modificar estas características.

“Queremos buscar formas para que el inhibidor a base de productos naturales no se degrade con la temperatura”. Los inhibidores de la corrosión a base de productos naturales o desechos agroindustriales aún se encuentran en fase experimental.

Corrosión por biocombustibles
Actualmente, el desarrollo de biocombustibles (biodiesel, bioturbosina, etcétera) se presenta como una alternativa amigable con el medio ambiente. Sin embargo, también causan una serie de problemas en los motores y en materiales metálicos; además de que en su composición presentan inestabilidad térmica, oxidación e incremento de acidez, absorción de agua y oxígeno, que los hace más corrosivos.

De ahí que una línea de investigación a cargo del doctor González Rodríguez es la identificación de materiales naturales resistentes al fenómeno de la corrosión de los biocombustibles.

“Los biocombustibles absorben oxígeno y agua de la atmósfera muy fácilmente y entonces comienzan a degradarse con el tiempo y se le forman ácidos”, explicó José Gonzalo González Rodríguez.