El hígado, el fascinante laboratorio del cuerpo

(Agencia Informativa Conacyt).- A sus 85 años, Aurea Bustos seguía siendo el alma de las fiestas, cocinaba para sus nueve hijos y más de 30 nietos y bisnietos, sabía todas las anécdotas chuscas de la familia y contaba los mejores chistes de humor negro. Lo que menos le faltaba era fuerza, viajaba sola por la república y nunca se enfermaba, por el contrario, de vez en cuando se encargaba de uno o dos de sus hijos o nietos.

Por eso, el extraño dolor en la parte derecha de su abdomen no le llamó demasiado la atención hasta que fue convirtiéndose en una tortura. Después de varios diagnósticos, los médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le informaron que un cáncer de colon se había extendido hasta su hígado y que ya no había mucho que hacer, pero intentarían operar.

La cirugía se llevó a cabo pero ya no se podía hacer más que quitar algunas partes del tumor en el intestino y dejar el hígado enfermo intacto. Al salir de la operación, Aurea reclamó al médico por qué no le había quitado “la bola”. Y después de ver con satisfacción la cara de susto del médico le aclaró: “La bola de años que me cargo”. El cáncer no le permitió vivir más de tres meses después de la cirugía.

La cirrosis y el cáncer de hígado son enfermedades cuyo diagnóstico es trágico para el paciente y sus seres queridos. Generalmente, la persona que sufre este padecimiento no se entera hasta etapas muy avanzadas, cuando los tratamientos disponibles solo aspiran a darle una sobrevida de pocos meses.

Por su alta mortalidad, las enfermedades crónicas del hígado se encuentran dentro de las primeras cinco causas de muerte de los mexicanos. De hecho, el cáncer hepático tiene una mortalidad tan alta como el cáncer de mama o de próstata. Y si se hace un análisis independiente del género, este cáncer ocupa el tercer lugar, entre las neoplasias, como causante de muertes en el país, explica el doctor Julio Isael Pérez Carreón, investigador del Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen).