¿Qué desalienta la donación de órganos en México?

Donación

La corrupción no es un mito, existen casos probados en el país, el problema es que la percepción de que la corrupción afecta incluso los programas de donación de órganos. Aunque el proceso de donación de órganos en las instituciones públicas es totalmente transparente, en este país no hay confianza en nada ni en nadie, explica María Luisa Marván.

La corrupción fue la razón de más peso, en promedio, para no donar, pero en realidad no fue igual de importante para todos los grupos de edad. Los investigadores se dieron cuenta de que los jóvenes, de 18 a 34 años, fueron los que clasificaron la corrupción como la razón más importante para no donar, además en segundo lugar mencionaron el tráfico de órganos. Los adultos y los adultos mayores mencionaron la corrupción en segundo y en quinto lugar de importancia.

México es un país azotado por el crimen organizado, pero la idea de que las personas que han expresado su voluntad de ser donadores cuando mueran son más vulnerables al tráfico de órganos no tiene una base real. Los jóvenes podrían tener esta percepción debido a que están más expuestos a las redes sociales que tienden a exagerar y reproducir actos violentos, explican los investigadores en el artículo de la revista Clinical Transplantation donde publicaron sus resultados.

“El proceso donación-trasplante, que va desde la identificación de un posible donador hasta que el órgano extraído llega al receptor, es sumamente complejo, involucra a muchísimos profesionales de la salud, no es tan fácil como que yo ahorita le quito el riñón a alguien y lo vendo. El órgano se extrae bajo ciertas circunstancias médicas, se mantiene en condiciones especiales, se transporta en condiciones especiales y antes se deben hacer muchos estudios de compatibilidad con el paciente que lo va a recibir; todo esto es muy complejo”.

El pecado y la falta de conocimiento
Además de la corrupción, los investigadores encontraron señales de la falta de conocimiento acerca del proceso de donación de órganos.

Por ejemplo, el grupo de adultos mayores de 65 años, la razón más fuerte para no donar fue que consideran que sus órganos ya no son útiles, debido a su edad; algo falso, pues no existe un límite de edad para ser donador, los médicos son quienes determinan qué órganos conservan su función y son aptos para la donación. En Estados Unidos, un adulto de 92 años se convirtió en donador de hígado, después de su muerte, y salvó la vida de una persona de 69 años.

La segunda razón que reportaron las personas mayores de 65 años para no donar fue que iba en contra de su religión. Los adultos y los jóvenes también mencionaron este argumento, aunque en menor medida.

Para la investigadora, este descubrimiento es importante pues la mayoría de las personas en el estudio, 87 por ciento, se declaró católica o perteneciente a una religión basada en el cristianismo, pero la iglesia católica, a través de L’Osservatore Romano, tomó una postura a favor de la donación de órganos después de la muerte desde 1997 y la considera un acto de caridad.

En tercer lugar, los adultos mayores clasificaron como razón para no donar que no sabrían a dónde irían a parar sus órganos. Esta respuesta, algo confusa incluso para los investigadores, fue clasificada en primer lugar por los adultos de entre 35 y 64 años de edad.

“Es extraño, pero así lo expresaron: ‘No sé a dónde van a ir mis órganos’. Incluso había quien decía: ‘Si yo supiera quién va a ser el receptor de mi órgano, si fuera un familiar o un amigo, donaría; pero eso de que mi hígado o mi corazón acaben en el cuerpo de un desconocido no me gusta’”.

Estos dos grupos de edad también mencionaron que, al morir, deseaban irse completos.

Por último, una respuesta que sí sorprendió a los investigadores fue la respuesta del dolor. Los participantes de mayor edad respondieron que no donarían sus órganos debido a que es doloroso. Los científicos no saben si esta respuesta se refiere al dolor emocional que conlleva pensar en el evento de la propia muerte, o la creencia de que se puede experimentar dolor físico después de la muerte, creencia que algunos participantes externaron.

La muerte cerebral es muerte
Para María Luisa Marván, hay dos mitos que se deben combatir para aumentar la donación de órganos en México. El primero, que la donación es pecado; y el segundo, que la muerte cerebral no es una muerte real y que los órganos se obtienen cuando la persona aún tiene posibilidad de sobrevivir.

“La gente tiene que entender que la muerte cerebral es la condición idónea para la donación post mortem, porque el sujeto con muerte cerebral está muerto. Mucha gente piensa que si hay muerte cerebral, quiere decir que a lo mejor hay otra muerte, que es la de verdad, que en la muerte cerebral la persona a lo mejor despierta”.

Pero la investigadora explica que la muerte cerebral no es un coma. Del coma, la persona podría despertar, y a la gente no se le pueden extraer los órganos si se encuentra en coma. Pero una persona con muerte cerebral ya no tiene posibilidad de despertar, la persona ha muerto.

“La muerte cerebral es muerte, simplemente es muerte por criterio cerebral. De hecho, hay una crítica al nombre de muerte cerebral, porque correctamente debería llamarse muerte por criterio cerebral”.

Para María Luis Marván, combatir los mitos sobre la postura de la religión y sobre la realidad de la muerte cerebral sería un buen comienzo para disminuir las barreras sociales y psicológicas que enfrenta la donación de órganos en México. Aunque la psicóloga señala que todavía hace falta continuar la investigación para profundizar en cada una de las razones de los participantes en el estudio.