Ana Paula Rivera, la vigía de los sueños de mujeres con depresión

Sueños

(Agencia Informativa Conacyt).- Ana Paula Rivera García decidió estudiar psicología porque le maravillaba una disciplina que analiza algo tan abstracto como las emociones. En ese entonces no imaginó que ella misma experimentaría un cuadro depresivo que impactaría su vida, pero también le daría impulso a su quehacer científico.

Hoy en día, se encuentra en la etapa final de su doctorado en ciencias biológicas y de la salud, también es investigadora en ciencias médicas adscrita al Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, donde estudia los trastornos de sueño asociados a depresión en mujeres; gracias a ello combina su pasión por entender las emociones durante el contenido onírico y un problema de salud emocional que ella misma experimentó.

Incluso, su trabajo más reciente sobre despertares experimentales en mujeres con depresión —estudio piloto— para evaluar la actividad eléctrica de su cerebro durante el contenido onírico, así como la carga emocional de sus sueños, resultados que comparó con los de pacientes sanos, le valió una invitación para sumarse a través de una estancia de investigación a un equipo internacional y desarrollar más su línea de trabajo.

Aun cuando ya estaba inmersa en el quehacer científico de un laboratorio real y desarrollaba trabajos de investigación vinculados a su área de interés, la pérdida de su mentor y la sensación de incertidumbre que en ella —y todos los científicos en formación que había en el laboratorio— generó ese suceso, la motivaron a incrementar su formación académica para responder a las necesidades y exigencias de ese laboratorio.

No obstante, lo que comenzó como una idea llena de entusiasmo, se convirtió en un fuerte golpe anímico cuando la joven investigadora fue rechazada del doctorado que solicitó. El impacto negativo fue tal que comenzó a desarrollar síntomas depresivos hasta el grado de retomar sus terapias.

“Cuando me postulé para un doctorado en la Universidad de Boston, dediqué más de un año y medio a mi preparación, incluso ya había contactado al investigador con quien quería trabajar y él me abrió las puertas de su laboratorio, pero no fui aceptada al realizar el trámite formal porque tuve un mal puntaje en matemáticas. A partir de ese momento, anímicamente me vine abajo, entré en depresión y eso se vio reflejado en mi trabajo”.

Más de un año le tomó a la investigadora entender que había caído en depresión y que necesitaba retomar las terapias. Con el apoyo de su familia cercana y colaboradores, superó el cuadro depresivo y logró la motivación necesaria para acercarse a ese problema a través de su quehacer científico; fue así como comenzó a trabajar en el impacto de la depresión en el contenido onírico de las mujeres.

En esa línea de trabajo ha logrado importantes hallazgos, como identificar que las mujeres con depresión mayor pierden la capacidad de soñar y experimentan cada vez menos emociones durante sus ensoñaciones. Incluso reportó que el contenido de sus sueños es mucho más abstracto que el de una mujer sana.