Un ejército propio para luchar contra el cáncer

Piel de pescado

Poder Judicial

(Agencia Informativa Conacyt).- Entre 2002 y 2006, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido midió el porcentaje de mujeres que sobrevivían después de ser diagnosticadas con cáncer de ovario. Los resultados mostraron que de cada 100 pacientes a las que se les detectaba la etapa más avanzada de la enfermedad, la etapa IV, solo cinco sobrevivían pasados cinco años del primer diagnóstico. Así que la opción que le dieron los médicos a Lu R al encontrar un tumor en etapa IV en uno de sus ovarios fue extraérselo mediante cirugía quirúrgica.

Después de que le removieron el tumor, Lu R comenzó con quimioterapia. Tres tipos de fármacos diferentes le fueron administrados, pero a los siete meses el cáncer regresó.

Lu R no renunció al tratamiento, durante tres años aceptó distintos tipos de quimioterapia, pero el cáncer seguía creciendo y expandiéndose, lo decían las radiografías y la sangre de la paciente, en la que aumentaban los niveles de una molécula denominada CA125, una proteína que se encuentra en grandes cantidades en las células del cáncer de ovario.

Al ver que el cáncer no respondía a los fármacos, los médicos recomendaron detener la quimioterapia y ofrecieron a Lu R tratamientos paliativos y seguir monitoreando la progresión del cáncer. Pero algo inesperado sucedió, meses después de abandonar la quimioterapia, los niveles en sangre de la molécula CA125 de Lu R disminuyeron.

Los médicos siguieron monitoreando a Lu R, pero dos años después de monitorear cuatro diferentes metástasis en la paciente: en el hígado, el bazo, la vagina y la parte superior derecha del abdomen, observaron que los tumores de la vagina y el bazo estaban creciendo, lo extraño era que el tumor del hígado y el del abdomen estaban disminuyendo de tamaño en ausencia de tratamiento.

Los nuevos tumores provocaban a Lu R dolores abdominales y los médicos sugirieron extirparlos. Además, Lu R dio permiso a los médicos para que los tumores pudieran ser estudiados para averiguar por qué dos de ellos crecían, mientras los otros dos se volvían más pequeños.

Los médicos analizaron el genoma de cada uno de los tumores y enviaron los datos a la Universidad de Cambridge, donde el estudiante mexicano Alejandro Jiménez Sánchez cursaba su doctorado.