Quintana Roo, pionero en el manejo y monitoreo de tortugas marinas en México

Tortuga

Poder Judicial

(Agencia Informativa Conacyt).-De las siete especies de tortugas marinas que existen en el mundo, cuatro de ellas —la tortuga verde (Chelonia mydas), caguama (Caretta caretta), carey (Eretmochelys imbricata) y laúd (Dermochelys coriacea)— visitan cada año el litoral costero de Quintana Roo, conformando la zona de anidación de tortugas marinas de mayor concentración en México. A nivel nacional, el estudio de la densidad poblacional de estas especies es sustentado con el trabajo directo que se realiza en las playas de anidación en sitios denominados campamentos tortugueros, en donde gracias al manejo, registro y monitoreo de los individuos y sus nidadas se suministra información clave para su estudio, conocimiento y conservación.

Desde 1982, a través del entonces Centro de Investigaciones de Quintana Roo (Ciqroo), ahora El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), se realizaron esfuerzos para la investigación y el conocimiento de las poblaciones de tortugas marinas que arriban a las costas de Quintana Roo. Dada la magnitud de la importancia del número de tortugas que anidan en el estado, desde sus inicios, el objetivo de los estudios de investigación se ha enfocado en la protección de las playas de anidación como un recurso indispensable para el mantenimiento de las especies, así como la biodiversidad asociada a ellas.

El trabajo realizado en los campamentos tortugueros favorece la toma de datos de cada individuo, así como el manejo y rescate de nidadas, lo que permite llevar un registro puntual del comportamiento de las hembras, sus patrones reproductivos y características morfológicas. Toda esta información es necesaria para validar la importancia de las zonas de anidación y asegurar la protección del litoral costero ante el desarrollo urbano y turístico.

“Para cada hembra, se realiza la toma de datos morfométricos que permiten la identificación de cada individuo. Además, se lleva un registro puntual del número de veces que suben a la playa, a desovar o no, así como las playas visitadas. Estos datos permiten construir un panorama claro de los movimientos de las hembras durante la temporada de anidación en Quintana Roo, así como los patrones de filopatría de cada especie” indicó Miriam Tzeek.

Además del registro y monitoreo de hembras adultas, en los campamentos tortugueros también se realiza el manejo de los nidos y conteo de los huevos por nido, tanto viables como inviables. De acuerdo con los especialistas del programa, dependiendo del lugar y playa de anidación, se evalúa cada nido para determinar si es posible dejarlo in situ —condición ideal— o bien, se transportan los huevos a un nuevo nido en un corral de protección.

“En promedio y dependiendo de la especie de tortuga, cada hembra puede depositar entre 100 y 140 huevos en un nido y el tiempo transcurrido para la eclosión oscila entre los 45 y 70 días. Los datos históricos de Quintana Roo reportan que cada tortuga pone en promedio 2.5 nidos en una temporada, aunque se han registrado hembras hasta con siete nidos en una sola temporada, dependiendo de la especie y la playa de anidación”, reveló Miriam Tzeek Tuz.

De acuerdo con los datos históricos del Programa de Conservación de Tortugas Marinas Riviera Maya-Tulum, desde 1996 se han protegido más de 150 mil nidos de tortugas marinas en las 13 playas de anidación y se han liberado cerca de 11 millones de crías de tortugas marinas, siendo la tortuga blanca la de mayor densidad con más de 115 mil nidos registrados y cerca de ocho millones 500 mil crías liberadas.

Para la identificación y seguimiento de individuos, se realiza el marcaje con una placa metálica en la aleta delantera izquierda que lleva una nomenclatura específica para cada país y sitio de anidación. Esto ofrece información para el estudio de las dinámicas poblacionales de cada especie. “Se han encontrado tortugas en nuestras playas que fueron marcadas como juveniles en las aguas de Florida o tortugas marcadas en Quintana Roo que llegan hasta las costas de Nicaragua”, apuntó Leonel Gómez.

Una de las técnicas de marcaje de tortuga blanca y caguama de mayor éxito, implementada en 1990 por los investigadores del Ciqroo y continuada por el actual Programa de Conservación, es la técnica de autoinjerto, también llamada trasplante de tejido o marca viviente. Consiste en intercambiar el trasplante de una pequeña porción de tejido del caparazón con el plastrón de la misma tortuga. Según la ubicación del trasplante, los escudos del plastrón indican la playa de anidación, y los escudos del caparazón indican el año de nacimiento. Actualmente, se está a la espera de los resultados de los primeros registros de regreso de las tortugas marcadas con esta técnica.

EL trabajo realizado en los campamentos tortugueros permite el acceso a centros de investigación para el manejo de animales en campo. Tal ha sido el caso del trabajo desarrollado para la instalación de marcas de telemetría satelital que facilite el rastreo de las hembras una vez que abandonan las playas de anidación. Dichas colaboraciones interinstitucionales se han realizado con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), el Centro Archie Carr para la investigación de tortugas marinas de la Universidad de Florida (ACCSTR), el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav IPN), unidad Mérida, y Pronatura.

Es la tortuga marina de mayor incidencia en las playas de anidación de Quintana Roo. Es la más grande de las tortugas marinas de concha dura. Mide entre 71 y 139 centímetros y pesa entre 68 y 235 kilogramos. De caparazón ovalado con una quilla en los juveniles que desaparece con la edad. Su caparazón presenta cuatro escudos costales de cada lado. Cabeza relativamente pequeña y chata, con dos escamas prefrontales y cuatro escamas detrás de los ojos. El pico es romo y sin gancho, con el borde de las mandíbulas aserrado.

Vive en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. En México, anida en Baja California, de Sinaloa a Chiapas, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Los juveniles son omnívoros, comen medusas, crustáceos, moluscos y esponjas. Los adultos se alimentan de pastos marinos, algas y algunos moluscos. A nivel internacional, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés) le ha otorgado estatus de especie en peligro y en México está catalogada como especie en peligro de extinción.