Nuestra mayor herencia: la riqueza cultural y, tradiciones mexicanas. “Día de muertos”

Calavera

En todas las culturas del México prehispánico la muerte y el lugar al que se dirigirían los muertos tenía un papel central. En la época prehispánica, el altar a la muerte, entre los aztecas, tenía el nombre de Tzompantli, ese día estaba dedicado a la diosa Coatlicue (Madre de Huitzilopochtli y otros dioses) y se colocaba un altar en forma de pirámide el cual era cubierto con papel teñido de diferentes colores, en el primer nivel colocaban la imagen de ella y en el segundo nivel comida, flores y se quemaba copal en pequeñas vasijas de barro, en el tercer nivel se colocaban flores y follaje.

Catrina
Calavera


Los hombres y mujeres tenían destinados un lugar específico al momento de su fallecimiento. Por ejemplo, se tenía la creencia que los guerreros muertos en combate o en sacrificio eran elegidos para acompañar al sol desde su nacimiento por el oriente, hasta el mediodía, y las mujeres muertas en parto quienes eran consideradas como guerreras por la lucha que tuvieron que sostener al dar a luz eran elegidas para acompañar al Sol desde el mediodía hasta el atardecer. Pero sólo los hombres, al cabo de cuatro años de acompañar al astro rey en sus viajes diarios, se convertían en aves de rico plumaje para regresar así a la vida terrena.
El tlalocan, era otro lugar donde iban los muertos, pero aquí iban los que partieron de esta vida por diversas enfermedades como la gota, la sarna, la lepra, por ahogamiento o por un rayo. Se tenía la creencia de que este era el lugar de las delicias, de veraneo, de verdor absoluto, en donde no hacía falta nada. En él residía el Dios del agua y sus ayudantes, los tlaloques.
Y el tercer lugar a donde se dirigían los muertos era el Mictlán al que iban todas las personas que morían de muerte natural o de enfermedades no relacionadas con el agua. Se creía que para llegar a este sitio, se tenía que atravesar un largo camino lleno de peligros entre los que estaban: el lugar de la culebra que guarda el camino, y el lugar del viento frío de navajas.
Actualmente La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró, en el año de 2003, a la festividad indígena del día de muertos, “Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad, Esta festividad representa uno de los ejemplos más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, así como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor plenitud de los grupos indígenas que actualmente habitan en nuestro país.

Calavera

Podemos observar parte de la cultura popular algunas de las prácticas de aquel pueblo, pero ¿podríamos postular definitivamente a la obra de Guadalupe Posada como parte de la misma cultura popular? Tiene cierta relación con los grabados de Posada encontrarse con la representación de la muerte la cual aparece en sus grabados de la manera más convencional, como una calavera o calaca (como le dicen los mexicanos). Cantidad de esqueletos se pasean en bicicleta, cantan, bailan, se emborrachan, le declaran su amor a alguna dama y se ríen de su condición.
Hoy sabemos que, por lo menos un día al año, la muerte en México se convierte en la invitada favorita; el dos de noviembre se celebra el “día de muertos” y sino todos los mexicanos, gran parte de ellos, aquel día acude a algún cementerio llevando diferentes ofrendas entre las que pueden encontrar bebidas alcohólicas, comida, cualquier tipo de comestibles u objetos que colocan junto a la tumba de sus familiares. También se depositan flores de cempealxóchitl, éstas son unas flores muy coloridas que transmiten parte de ese sentido festivo que tiene aquel día para el pueblo, en que se comen calaveras de azúcar con los propios nombres inscriptos sobre éstas, pan de muertos y se construyen altares en las propias casas a los familiares ya fallecidos. Este es uno de los ritos con mayor adhesión en México y en el que participa gran parte de la población, y de ninguna manera podría pensárselo como un rito nostálgico que sólo incita a llorar a los que ya se han ido.

José Guadalupe Posada

Algunos de los Elementos del altar son los siguientes:
Papel de china picado de color morado (luto cristiano, el color morado se usa en señal de duelo)
Papel picado de color naranja. (luto azteca)
Flores de cempaxúchitl (del náhuatl: Flor de 20 pétalos) la flor de cempaxúchitl de vivos tonos de color amarillo, es la tradicional flor de muertos y denota la fuerza de la luz del sol, sirve de guía a los espíritus de los difuntos que vienen de visita los dos primeros días de noviembre.
Cuatro velas indicando los puntos cardinales. Las velas colocadas en la ofrenda significan los siete pecados capitales.
Veladoras, sirven para guiar al difunto a su destino, alumbrarán el camino
Incienso o copal para alejar a los malos espíritus, el copal purificará el ambiente
Cruz de ceniza para purificar al espíritu del muerto
Jarra o vasos con agua para saciar la sed de la fatiga del camino
Fotografías del o los difuntos
Comida que le gustaba al o a los fallecido(s)
Pertenencias apreciadas por ellos
Tequila, agua o la bebida favorita del(os) muerto(s)
Cuatro banderas de papel picado ensartadas en naranjas
Pan de muerto y fruta
Calaveritas de azúcar con los nombres de los difuntos

Ofrenda (trabajo artesanal de Tzintzunzán)

Algunos lugares tradicionales donde se celebra el día de muertos se encuentran
La Isla de Janitzio,
Pátzcuaro,
Tzintzuntzán,
San Pedro Tzutumutaro,
Ihuatzio y
Jarácuaro, en Michoacán y
Mixquic y Xochimilco en el Distrito Federal (Ciudad de México)

Pescadores de Pátzcuaro

La muerte en los pueblos Michoacanos: El Día de Muertos en Janitzio es una de los eventos religiosos más importantes de México. Al llegar la víspera del Día de Muertos, todo es un ambiente de fiesta hasta que llega la hora de que empiezan a sonar las campanas y las almas se presentan, mientras los vivos se empiezan a congregar ante los despojos mortales de los que se han ido.
Durante la noche del 1 de noviembre la gente llega hasta las tumbas con ofrendas, flores, pan, frutas, símbolos y recuerdos para venerar a sus seres que ya no estan materialmente. Erigen un altar y se sientan a contemplar las llamas de sus velas mientras van murmurando oraciones toda la noche.
Una leyenda Purépecha dice que al morir las almas vuelan como mariposas monarcas sobre un lago encantado hasta la Isla de Janitzio y solo se necesita abrir el corazón para que al atravesar en lancha el lago se puedan ver las almas dibujarse entre las aguas del lago de Pátzcuaro.

Janitzio

En Pátzcuaro, Michoacán la noche de día de muertos, según relatan los habitantes de la isla, surgen las sombras de la princesa Mitzita, hija del último Caltzonci, y de Itzihuapa, hijo del señor de Janitzio, quienes profundamente enamorados no pudieron desposarse por la inesperada llegada de los conquistadores; para salvar a su padre de las torturas del conquistador de Michoacán Nuño de Guzmán, la princesa ofreció a cambio de la libertad del viejo monarca, el tesoro fabuloso que se encontraba inmerso en las profundidades del Lago de Pátzcuaro, entre Janitzio y Pacanda. Itzihuapa se convirtió en el vigesimoprimer guardián de tan fantástica riqueza. Y es durante la noche del primero de noviembre de cada año, cuando despiertan guardianes del tesoro y, al tañer las campañas, suben la cuesta de la isla. Los novios Mintzita e Itzihuapa se encaminan al panteón y reciben ofrendas de los vivos.

“Vivamos nuestras tradiciones, México riqueza cultural”